Escara sacra: qué es y cómo tratarla según el grado de la lesión
La zona sacra — el hueso triangular ubicado en la base de la columna vertebral, justo encima del coxis — es el lugar donde más frecuentemente se desarrollan las escaras en pacientes con movilidad reducida. No es casualidad: cuando una persona permanece acostada boca arriba, el sacro concentra una presión considerable de forma sostenida, lo que compromete la circulación local y favorece el daño tisular.
Entender qué tipo de escara sacra tiene una persona, en qué etapa se encuentra y qué tratamiento corresponde a cada una es clave para tomar decisiones correctas y evitar que la lesión avance. En esta guía explicamos todo lo necesario, con un lenguaje claro pero sin perder de vista la precisión clínica que el tema requiere.
¿Qué es una escara sacra y por qué es tan frecuente?
Una escara sacra es una úlcera por presión localizada en la región sacra. Se produce cuando la presión continua sobre esa zona supera la presión de perfusión capilar, lo que impide que la sangre llegue a los tejidos. La isquemia resultante provoca daño progresivo que comienza en la piel y puede extenderse hasta estructuras más profundas como el tejido adiposo, el músculo e incluso el hueso.
Los factores que aumentan el riesgo de desarrollar una escara sacra incluyen:
- Inmovilidad prolongada (pacientes postrados, en silla de ruedas o con parálisis)
- Humedad excesiva en la zona (incontinencia urinaria o fecal)
- Desnutrición y déficit de proteínas
- Edad avanzada y piel frágil
- Diabetes, insuficiencia vascular o enfermedades que afectan la circulación
- Fricción y cizallamiento al movilizar al paciente sin la técnica adecuada
La combinación de presión y humedad es especialmente agresiva en la zona sacra, por lo que el control de la incontinencia forma parte fundamental del tratamiento.
Clasificación por grados: cómo identificar la escara sacra
El sistema de clasificación más utilizado a nivel clínico es el de la National Pressure Injury Advisory Panel (NPIAP), que divide las úlceras por presión en cuatro grados más dos categorías adicionales. Conocer el grado es esencial para definir el tratamiento correcto.
Grado 1: eritema no blanqueable
La piel está intacta pero presenta un enrojecimiento persistente que no desaparece al presionar con el dedo. Puede haber cambios en la temperatura local (calor o frialdad), edema leve o cambios en la consistencia del tejido. En pacientes con piel oscura, el eritema puede ser difícil de detectar visualmente; en estos casos, el calor local y la firmeza del tejido son indicadores más confiables.
Pronóstico: reversible si se actúa de inmediato. El alivio de la presión es suficiente en la mayoría de los casos.
Grado 2: pérdida parcial del espesor de la piel
Se produce una pérdida de la epidermis y parte de la dermis. La herida se presenta como una úlcera superficial de lecho rosado o rojizo, o como una ampolla intacta o rota con contenido seroso. No hay tejido necrótico ni esfacelo visible.
Pronóstico: buena respuesta al tratamiento local con apósitos adecuados. Requiere seguimiento frecuente.
Grado 3: pérdida total del espesor de la piel
La úlcera alcanza el tejido subcutáneo (grasa hipodérmica) sin exponer músculo, hueso o tendón. Puede haber socavamiento (extensión lateral de la herida bajo la piel intacta) y esfacelo (tejido amarillento o grisáceo de apariencia fibrosa). La profundidad varía según la cantidad de tejido adiposo en la zona: en la región sacra, donde hay poca grasa, las úlceras de grado 3 pueden ser relativamente superficiales.
Pronóstico: requiere manejo profesional. El desbridamiento puede ser necesario.
Grado 4: pérdida total del espesor de los tejidos
La lesión expone músculo, tendón, cápsula articular o hueso. Suele haber tejido necrótico (esfacelo o escara negra) y es frecuente el socavamiento y tunelización. El riesgo de osteomielitis (infección del hueso) es significativo en las úlceras sacras de grado 4.
Pronóstico: grave. Requiere atención médica especializada y, en la mayoría de los casos, intervención quirúrgica.
Categorías adicionales
- No clasificable: la base de la herida está completamente cubierta por esfacelo o escara necrótica, lo que impide determinar la profundidad real. No se puede estadificar hasta que el lecho esté visible.
- Lesión de tejidos profundos: área de piel intacta de coloración púrpura o marrón, o ampolla con sangre, que indica daño en tejidos profundos por presión o cizallamiento. Puede evolucionar rápidamente hacia grados superiores.
Tratamiento según el grado de la escara sacra
Tratamiento para grado 1
El objetivo principal es eliminar la presión sobre la zona afectada antes de que la lesión avance.
- Cambios de posición: cada 2 horas como mínimo. Evitar el decúbito dorsal prolongado. Favorecer el decúbito lateral a 30 grados.
- Superficies de redistribución de presión: colchón antiescaras de aire alternante o espuma viscoelástica de alta densidad.
- Protección local: aplicar una crema barrera o un apósito de poliuretano transparente sobre la zona para reducir la fricción.
- Control de la humedad: si hay incontinencia, usar protectores absorbentes y cremas barrera para evitar la maceración de la piel.
Tratamiento para grado 2
Además de todo lo indicado para el grado 1, el tratamiento incluye el manejo activo de la herida:
- Limpieza: con solución salina fisiológica (cloruro de sodio al 0,9%) a temperatura ambiente. Aplicar con jeringa o gasa sin frotar.
- Apósitos recomendados: los hidrocoloides son una opción de primera línea para úlceras superficiales con poco exudado. Para heridas con mayor exudado, los apósitos de espuma (foam) brindan mejor absorción. Cambiar cada 3 a 7 días según el fabricante y el nivel de exudado.
- Ampollas: si están intactas, en general se recomienda no punzarlas. Si están rotas, retirar el tejido desvitalizado con técnica estéril.
- Evitar: apósitos secos, gasas adherentes, alcohol, povidona yodada o agua oxigenada sobre el lecho de la herida.
Tratamiento para grado 3
Este grado requiere la intervención de un profesional de enfermería o médico. El cuidador puede colaborar, pero no debe realizar el desbridamiento ni tomar decisiones sobre el tipo de apósito sin indicación profesional.
- Desbridamiento: eliminación del tejido necrótico o esfacelo. Puede ser autolítico (con apósitos hidrocoloides o hidrogeles que ablandan el tejido muerto), enzimático (con colagenasa u otras enzimas debridantes) o quirúrgico (realizado por un médico o enfermero especializado).
- Apósitos: dependiendo del nivel de exudado y la presencia de esfacelo, se pueden usar hidrogeles, alginatos de calcio, apósitos de carbón activado o espumas con bordes adhesivos.
- Control de la infección: si hay signos locales de infección (exudado purulento, mal olor, eritema perilesional, calor), puede indicarse el uso de apósitos con plata o iodo cadexómero. El uso de antibióticos sistémicos solo se justifica si hay signos de infección sistémica.
- Terapia de presión negativa (TPN o VAC): en algunos casos de grado 3 con alto exudado, puede indicarse esta terapia que acelera la cicatrización mediante la aplicación de presión negativa sobre la herida.
Tratamiento para grado 4
Las escaras sacras de grado 4 son una urgencia médica. Si el paciente está en el hogar, es fundamental coordinar con el equipo médico tratante para evaluar la necesidad de internación o de un plan de atención domiciliaria intensiva.
- Evaluación médica obligatoria: descartar osteomielitis mediante estudios de imagen (RMN o TAC).
- Desbridamiento quirúrgico: en la mayoría de los casos es necesario para eliminar el tejido necrótico y controlar la infección.
- Reconstrucción: en pacientes con buen estado general, puede evaluarse la cirugía reconstructiva con colgajos musculocutáneos.
- Cuidados paliativos: en pacientes con enfermedades terminales o muy deteriorados, el objetivo puede no ser la curación sino el control del dolor, el olor y la infección, priorizando el confort.
El rol del cuidador en el tratamiento de la escara sacra
Independientemente del grado, el cuidador tiene un papel fundamental que ningún apósito puede reemplazar: garantizar que la presión se alivie de forma constante y sistemática. Esto requiere disciplina, organización y, muchas veces, adaptar las rutinas del hogar.
Algunos puntos prácticos para el día a día:
- Usar un registro o alarma para no olvidar los cambios de posición.
- Aprender la técnica correcta para movilizar al paciente sin generar fricción ni cizallamiento
- Revisar la zona sacra en cada cambio de posición, buscando cambios en el color, temperatura o integridad de la piel.
- Mantener la piel limpia y seca, especialmente si hay incontinencia.
- Consultar al equipo de salud ante cualquier cambio en la herida que genere dudas.
Preguntas frecuentes sobre la escara sacra